SILENCIO EN LA CIUDAD
Te das cuenta que ciertos sonidos ya no son
los mismos, que ya no hacen latir tu corazón como lo hacían antes.
Instantáneamente
descubres ese silencio incómodo el más perturbador de todos con el cual nos
encontramos los seres humanos alguna vez
en nuestras vidas (lastimosamente algunos no lo escuchan nunca), y surge ese
estado perpetuo estático y sobrio donde al parecer todo el mundo está congelado.
Hay
instantes en el que el silencio absoluto de este mundo que te comerá vivo, te
destruirá, hará que las entrañas de tu alma se estremezcan, ese lugar
únicamente sensorial, imaginario y estremecedor en todo sentido; la primera
salida la música la otra y más reconfortante enfrentarse a él.
En esta
salida de enfrentarme a él surge el cuestionamiento de determinar si en
realidad te estas enfrentando a algo o simplemente son los monstruos de la razón
que habitan en ese sorbido mundo que no te atreves a conocer.
La idea
absurda, estúpida, ridícula o hasta romántica de insistir en que el silencio
existe; es tal como definir el espacio ese momento donde las 4 dimensiones se
congelaron para estremecer nuestros sentidos nuestra psiquis.
Y te enerva el silencio y la música que lo
acompaña, mirar tus fotos exquisitamente innecesarias, solo quieres escapar de
este espacio congelado, agarrar tu bicicleta y huir a donde el silencio se pone
en movimiento y te arroja el viento como símbolo de vida, de libertad y
eternidad, llegas a ese espacio
recurrente que es único en el mundo, inmenso absurdo e incomprensible.
A que nos
enfrentamos es la pregunta que quieres hacer, plasmar y vivir ese breve
instante en el que todo es inmensurable, inexplicable te mides a esto? O
prefieres regresar a la prisión silenciosa congelada a temporal de donde saliste
antes de manejar el instrumento que te lleva siempre por la frágil línea entre
la realidad y lo fantástico.
